dimecres, 24 de novembre del 2010
25 de novembre
I
El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.
II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.
III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.
IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.
V
El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocura ser pájaro.
VI
El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.
VII
Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.
VIII
El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera,
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.
IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.
X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos,
nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.
XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.
Gioconda Belli
dilluns, 8 de novembre del 2010
Unique
Però des de fa uns dies, m’és igual ser petita. Tant me fa que la gent no em vegi, que no em miri, que no m’escolti. Perquè des de fa uns dies m’he adonat de que tot i no portar vestits llampants, tot i perdre’m entre la multitud, tot i que ningú sàpiga el que penso, el que sento, el que em fa riure o plorar, jo sé qui sóc. I a més, sé que no hi ha ningú més com jo, encara que de vegades no ho sembli.
Sóc molt petita. Però sóc única.
dimecres, 27 d’octubre del 2010
dimecres, 20 d’octubre del 2010
Descobrint la ciutat

Sense més intenció...
dimarts, 19 d’octubre del 2010
Més salut

dilluns, 4 d’octubre del 2010
Las tribulaciones de Virginia es un espectáculo de los hermanos Oligor. Un espectáculo creado en el sótano de una casa. Afortunadamente, alguien les dio el sabio consejo de que lo sacaran de ahí y lo compartieran con el mundo.
Hace un par de años vi el documental Hermanos Oligor, en el que se explica el proceso de creación, y se me despertaron unas ganas locas de poder ser una de aquellas cincuenta personas con suerte que entran en un espacio mágico, entre circo, cabaret, íntimo teatro de títeres y autómatas, creado con todo tipo de objetos (clicks de Playmobil incluidos), para disfrutar de una historia de amor y desamor. Una historia tan sencilla como real, pero explicada con pompas de jabón.
El sábado pude por fin vivir aquella historia. Fue algo precioso de verdad, en todas las acepciones de la palabra en las que puedo pensar. En estos días extraños y tristes, fue increíble volver a ilusionarme como cuando era una niña, tener una sonrisa colgada en la cara durante noventa minutos cortísimos.


