dimecres, 28 d’octubre del 2009
dilluns, 19 d’octubre del 2009
dimecres, 14 d’octubre del 2009
Que se llama soledad...
Ausencia tiene poderes. Es invisible, pero no por eso menos perceptible. Aparece cuando menos te lo esperas, colándose de repente mientras lees un libro en el comedor de tu casa, o paseas un día por la tarde por el centro de tu ciudad. Camina a tu lado y no la ves. Pero de repente, tropiezas con ella. Te das cuenta de que hace horas que está allí. Y entonces notas como te pican los ojos y se te vacía el optimismo, porque la presencia de Ausencia es, a menudo, difícil de digerir.
Tiene la fea costumbre de aparecer también cuando estás acompañada. Parece mentira, pero es una de sus especialidades. En medio de una cena con amigos, durante la proyección del último estreno de Woody Allen en el cine del barrio, de noche, en la oscuridad de una habitación demasiado grande para dos.
En esos momentos se confabula con Distancia, abriendo puertas que creías cerradas. No pasa nada, no te preocupes. Lo bueno de las heroínas con poderes es que siempre tienen un planeta que salvar en la otra punta del universo, así que nunca se quedan demasiado tiempo. Cierras los ojos, esperas y ves aparecer a Serenidad por la puerta, cargada de maletas.
Tiene la fea costumbre de aparecer también cuando estás acompañada. Parece mentira, pero es una de sus especialidades. En medio de una cena con amigos, durante la proyección del último estreno de Woody Allen en el cine del barrio, de noche, en la oscuridad de una habitación demasiado grande para dos.
En esos momentos se confabula con Distancia, abriendo puertas que creías cerradas. No pasa nada, no te preocupes. Lo bueno de las heroínas con poderes es que siempre tienen un planeta que salvar en la otra punta del universo, así que nunca se quedan demasiado tiempo. Cierras los ojos, esperas y ves aparecer a Serenidad por la puerta, cargada de maletas.
divendres, 9 d’octubre del 2009
Avui he llegit una notícia a El País, sobre un zoo de Gaza que ha pintat ratlles negres sobre els rucs perquè la canalla es faci una idea de com són les zebres. Portar una zebra a Gaza és molt car i molt complicat, degut (a més del preu de la pròpia zebra) al bloqueig israelià i a la dificultat per fer entrar o sortir qualsevol cosa a través de les fronteres.
Aquesta notícia m’ha provocat una confusió de sentiments: d’una banda, la indignació de sempre quan es parla de Gaza, d’altra, la tendresa per aquests nens i nenes que, malgrat tot, conserven certa innocència com per creure’s (o fer veure que es creuen) l’engany de les zebres – ruc.
Evidentment, no poder veure una zebra de veritat és quelcom sense importància si tenim en compte la realitat en la que viuen aquests infants. Però sovint són les coses sense importància les que ens omplen el dia de somriures, no?
Ja em perdonareu la novetat de comentar notícies, però és que m’he quedat sorpresa i pensativa. No vull ni pensar a quin animal li tocarà substituir a la girafa.
dilluns, 7 de setembre del 2009
Can't buy me love
Si tenía que creerse toda la literatura que la rodeaba desde que tenía uso de razón (y de eso hacía más de 30 años), ella nunca se había enamorado. Al menos no como esas heroínas trágicas que acaban lanzándose a las vías del tren por un amor imposible debido a la sociedad / las drogas / el o la cónyuge de la persona amada / la odiosa familia rica y amargada (táchese lo que no proceda).
Ella había tenido sus historias, claro está. Historias como las de todo el mundo, no como las de los libros. Su primer novio fue en el instituto. Pero si no tenía en cuenta las mariposas en el estómago (otra vez la literatura) cuando sus pieles se rozaban, poco más. Lo atribuye, con la distancia, al descubrimiento de su propio cuerpo y sexualidad. Punto.
Después de algunos intentos que no llevaron a nada, conoció a Pablo. Con él tuvo lo que ella creyó que era una relación “normal”. Estuvieron juntos varios años, incluso llegaron a vivir juntos. El proceso empezó, se desarrolló y acabó sin que ella pueda recordar las razones. Extraño, porque Pablo es divertido, inteligente, buen amante, y compartían inquietudes. ¿No es eso el amor? Parece ser que no.
Así que ha hecho una especie de trato consigo misma. Si el resto del mundo quiere seguir creyendo que el amor de las novelas existe, allá cada cual con sus fantasías. Ahora bien, ella no necesita sentirse Ana Karenina para vivir como quiere, para disfrutar de la vida, del sexo, de la amistad. Está bien, el amor no existe, ¿para qué preocuparse? ¿por qué pasarse la vida persiguiendo algo que nadie ha podido nunca explicarle? ¿no es un poco como la fe ciega en un dios a quien nadie ve y que no da señales de su existencia? Se declara atea de Eros.
O se declaraba. Aún no lo sabe, pero un día... no será ni un día de lluvia, ni una espléndida mañana de primavera, ni un gélido atardecer de invierno en el norte de Inglaterra. No, porque todo eso ya está escrito y no tendría ningún efecto sobre ella. Pero un día (que habrá que ver cómo se presenta, porque esto no es literatura y no podemos adivinar el futuro) sentirá algo que ni siquiera ella podrá describir, entenderá que comparte esa inutilidad expresiva con el resto del mundo, recordará a un personaje literario, y entenderá por qué. Se acordará de María Dos Prazeres temblando, a la puerta de su destartalado entresuelo, con el aliento de un joven a su espalda y su propio corazón saliéndosele por la boca.
Ella había tenido sus historias, claro está. Historias como las de todo el mundo, no como las de los libros. Su primer novio fue en el instituto. Pero si no tenía en cuenta las mariposas en el estómago (otra vez la literatura) cuando sus pieles se rozaban, poco más. Lo atribuye, con la distancia, al descubrimiento de su propio cuerpo y sexualidad. Punto.
Después de algunos intentos que no llevaron a nada, conoció a Pablo. Con él tuvo lo que ella creyó que era una relación “normal”. Estuvieron juntos varios años, incluso llegaron a vivir juntos. El proceso empezó, se desarrolló y acabó sin que ella pueda recordar las razones. Extraño, porque Pablo es divertido, inteligente, buen amante, y compartían inquietudes. ¿No es eso el amor? Parece ser que no.
Así que ha hecho una especie de trato consigo misma. Si el resto del mundo quiere seguir creyendo que el amor de las novelas existe, allá cada cual con sus fantasías. Ahora bien, ella no necesita sentirse Ana Karenina para vivir como quiere, para disfrutar de la vida, del sexo, de la amistad. Está bien, el amor no existe, ¿para qué preocuparse? ¿por qué pasarse la vida persiguiendo algo que nadie ha podido nunca explicarle? ¿no es un poco como la fe ciega en un dios a quien nadie ve y que no da señales de su existencia? Se declara atea de Eros.
O se declaraba. Aún no lo sabe, pero un día... no será ni un día de lluvia, ni una espléndida mañana de primavera, ni un gélido atardecer de invierno en el norte de Inglaterra. No, porque todo eso ya está escrito y no tendría ningún efecto sobre ella. Pero un día (que habrá que ver cómo se presenta, porque esto no es literatura y no podemos adivinar el futuro) sentirá algo que ni siquiera ella podrá describir, entenderá que comparte esa inutilidad expresiva con el resto del mundo, recordará a un personaje literario, y entenderá por qué. Se acordará de María Dos Prazeres temblando, a la puerta de su destartalado entresuelo, con el aliento de un joven a su espalda y su propio corazón saliéndosele por la boca.
Gracias, H.
dilluns, 31 d’agost del 2009
dimarts, 14 de juliol del 2009
lost
Se perdió en medio de una isla, en un remoto punto que ni siquiera sale en los mapas conocidos hasta ahora. Al principio estaba tan preocupada por intentar entender cómo había llegado hasta allí y sobre todo, por cómo salir, que casi se olvida de buscar comida y agua dulce para sobrevivir.
Satisfechas la sed y el hambre, puede dedicarse a pensar, a buscar cobijo para los días de lluvia, a repasar mentalmente todo lo que aprendió en la escuela, seleccionar lo que pueda serle útil y olvidar el resto. No es necesario saber cuándo llegó el primer ser humano a la luna para encontrar fruta en una isla. Sí conviene recordar los nombres de algunas plantas, nociones básicas sobre los diversos climas del mundo y remedios caseros para las picaduras de insecto. La selección natural funciona hasta con las ideas, sólo sobreviven las que mejor se adaptan al entorno.
Después de un tiempo, las cosas cambian. Conoce a cada pájaro que oye desde la playa, ha fabricado redes de las que los peces parecen no huir, los insectos respetan su piel bronceada por el sol. Le parece que lleva años perdida en esta isla, y sin embargo, cada vez es más fuerte la sensación de que, cuanto más tiempo pasa, menos perdida está.
Satisfechas la sed y el hambre, puede dedicarse a pensar, a buscar cobijo para los días de lluvia, a repasar mentalmente todo lo que aprendió en la escuela, seleccionar lo que pueda serle útil y olvidar el resto. No es necesario saber cuándo llegó el primer ser humano a la luna para encontrar fruta en una isla. Sí conviene recordar los nombres de algunas plantas, nociones básicas sobre los diversos climas del mundo y remedios caseros para las picaduras de insecto. La selección natural funciona hasta con las ideas, sólo sobreviven las que mejor se adaptan al entorno.
Después de un tiempo, las cosas cambian. Conoce a cada pájaro que oye desde la playa, ha fabricado redes de las que los peces parecen no huir, los insectos respetan su piel bronceada por el sol. Le parece que lleva años perdida en esta isla, y sin embargo, cada vez es más fuerte la sensación de que, cuanto más tiempo pasa, menos perdida está.
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