dimarts, 27 d’octubre del 2015

Otra vez es 27 de octubre


Escucho música, pasillos interminables en el metro, demasiada ropa, otoño indeciso y mediterráneo.

No soy una experta en música como no lo soy en pintura, literatura o cualquier otra cosa. Sólo sé lo que me emociona y me hace sentir viva. Y seguramente, dada mi falta de experiencia (y muchas veces de criterio) eso no es lo mejor desde el punto de vista artístico. Ni siempre me mueve. Pero ayer.

De repente una absurda canción, "Fantástico", de Love of Lesbian. Y de golpe los recuerdos y la vida. Recuerdos de aquel día en Londres. Confundir la sidra con la cerveza, cantar a voz en grito, sonreír al ver a aquel vigilante seguir el ritmo de canciones que probablemente no conocía. Y corear el coro, aunque fuera redundante. Y no saber las cosas terribles que les iba a tocar vivir. Y dar la vida por sentado y ahora, desde un andén de metro sentir que asomo a un acantilado tan alto, tan alto...

Por instinto me acerqué a la pared porque las vías estaban tan lejos y la caída sería tan larga. Y el vértigo de pensar que tampoco sé lo que nos espera en Londres dentro un año. Ni quienes seremos. Ni si seremos.

Y hoy, en el aniversario de una despedida, otra chica ha dicho adiós para siempre, y yo no la conocía, sólo iba en el tren que ha acabado con su vida. Y he tenido miedo de morirme, y de perderos, de pensar en mi mundo sin ti, y sin ti. 

Y escribo con rabia de pie, ya camino de casa, de nuevo en el metro, porque no sé deciros, sentados los tres delante de tres pintas, cuánto os quiero y cómo me alegro de quereros, aunque a veces tenga tanto miedo de todo.

dimarts, 6 d’octubre del 2015


Mai vaig creure que em tocaria viure una època així. Mai vaig pensar que patiria per pagar el lloguer, que em passaria quatre anys sense anar de vacances, que no podria seguir estudiant a la universitat per manca de diners. Que m'aprendria els preus de les coses i aniria de botiga en botiga buscant les ofertes. Que resaria a déus en els que no hi crec per conservar una feina que ja ni tan sols m'agrada, en la que no aprenc, amb un contracte temporal a temps parcial, amb una indefinició total i a la qual no aporto res en absolut. Que per fi faria una mica d'exercici, en concret una hora diària, caminant, però no per convenciment ni ganes d'estar en forma, sinó perquè he prioritzat les despeses i el transport públic és un luxe que només em puc permetre en casos de veritable caminada a la vista. Això sí, ho compenso amb una alimentació cada cop pitjor, perquè un quilo de mongetes verdes val 6€ i un d'arròs no arriba a l'euro. 

Mai vaig pensar que coneixeria a tanta gent sense feina, sense diners per pagar les factures, que sobreviu, tot i tenir estudis i oficis, gràcies a l'ajuda de les seves famílies, a aquest matalàs social que afortunadament la majoria té. Mai vaig creure que les meves amistats patirien per pagar el rebut de la llum, que posposaríem les trobades als bars per manca d'efectiu per pagar les cerveses, o que les sortides nocturnes als locals de rock de la ciutat es convertirien en sopars casolans on cadascú aportaria una recepta en un tupper d'anar i tornar. Les cerveses d'importació s'han convertit en ampolles de litre, les marques blanques han substituït a d'altres amb les que vam créixer, i de les quals seguim cantant les cançonetes publicitàries. 

Mai vaig pensar que tornaria a veure cues davant l'oficina de l'atur, joves fumant avorrits als bancs dels parcs a les 11h del matí, famílies esperant a les portes de les esglésies, roba de segona mà per a pobres, no per a moderns. 

Mai vaig pensar que passaríem per tot això perquè ja hi vam passar de petites, quan a casa els diners eren escassos, quan la cua de l'INEM era tan llarga que havíem demanar la gent que hi era que ens deixés passar per anar a escola, perquè arribaven - i passaven amb escreix - al nostre portal. Ens vam creure que si estudiàvem, si treballàvem i ens llevàvem ben d'hora, no ens podia parar ningú.  

Això ho vaig escriure a finals de 2012, però no se'm fa anticuat a mitjans 2015. 

diumenge, 21 de juny del 2015

El quiosco de la Julia

El quiosco de la Julia era conocido con el nombre de su propietaria, que a su vez era la madre de una de mis compañeras de clase durante la E.G.B. El quiosco apareció un verano en “el paseo”, una calle con una acera más ancha de lo que era habitual en el barrio, con algunos bancos y un intento de zona verde (unos cuantos árboles y algo de césped). Al principio era un quiosco de helados, de esos efímeros que aparecían y desparecían con el verano. No recuerdo cómo ni cuándo, pero el caso es que el quiosco de la Julia poco a poco fue asentándose, alargando los veranos y ampliando su oferta de productos. La ampliación empezó con las chuches y en unos años era de lo más variada, llegando a convertirse en el primer paki del barrio, sin que su propietaria fuera paquistaní. Si un domingo habías olvidado comprar el postre, Julia te vendía la tarta helada y una botellita de cava para acompañar. Allí comprábamos los cigarrillos sueltos, las velas para el cumpleaños, incluso podías sentarte en un par de taburetes que había fuera del quiosco y disfrutar de una cerveza bien fría. Siempre me fascinó la tenacidad de Julia, su dedicación al trabajo, no faltó ni un solo día a su puesto. No puedo evitar sentirme triste cuando paso por allí y veo el espacio que ha dejado el quiosco, porque es una metáfora evidente del vacío que, al morir, dejó Julia en la vida del barrio. 

Gracias, M. 

dilluns, 11 de maig del 2015

La rutina de viajar


Hace poco, en un coche que no conducía yo, desde el asiento de atrás, mirando por la ventana un paisaje amigo pero poco conocido, me invadió la sensación de que ésa era de verdad mi vida. Viajar, moverme, hablar idiomas distintos a los que hablo en mi rutina diaria, descubrir caminos, admirar catedrales de madera,  jugar con niñas que acaban de conocerme. 

Comprendí de repente que una no ha nacido para estar entre cuatro paredes (las mismas cada día) rodeada de la misma gente, la misma música, los mismos olores. Que sí, que la familiaridad está muy bien, me da seguridad y me tranquiliza, pero mirando por la ventana de aquel coche sentí que lo que quiero hacer es andar, explorar caminos nuevos y de vez en cuando volver a pasear por los ya visitados, porque tal y como releer no es solo volver leer, reandar un camino no es solo andar por él de nuevo.

Ayer volví a sorprenderme en el tren deseando que ese viaje no acabara nunca. Ojalá pudiera deslizarme por las vías sin fin, sin destino, sin que nadie me espere en alguna parte. Solo viendo pasar los árboles, las amapolas, las ciudades. Disfrutar del paisaje mientras dure el día, y por la noche, cuando la ventana solo me devuelva mi reflejo, ignorarlo, desviar mi atención hacia las páginas de un libro, y seguir viajando. 

dilluns, 4 de maig del 2015

Hoy es 20 de noviembre*, gran fecha para escribir sobre esta historia… En todas las reuniones de mi vida en las que han participado personas de cierta edad he escuchado historias sobre correr delante de los grises. Un día, con 5 años, yo corrí delante de los marrones. Ahora, con 38, puedo contar un par de veces en las que he huido corriendo de los azules, pero será otro día. Y como se decía en las manifestaciones durante los tiempos de cambio de color, de azul o de marrón…. En fin, supongo que sabéis cómo acaba la rima. Y si no, echadle imaginación (que también rima con marrón).

A lo que iba: yo corrí delante de los marrones a los 5 años. Mi padre me agarraba de la mano y yo alucinaba porque tenía la sensación de ni siquiera pisar el suelo, de tan rápido como corría… Nunca olvidaré aquel vacío bajo mis pies, pisando el aire, casi como magia. Tan flipada estaba con mis pies, que volaban, que no presté atención a los caballos, ni a los hombres uniformados – de marrón – que los montaban y agitaban sus porras, ni al gentío que corría en todas direcciones y desde todas partes, huyendo de los golpes, sin saber hacia dónde, porque los marrones estaban en todas partes. Yo no sé ni de dónde venía aquel día, ni por qué nos pilló en la calle a mi padre y a mí, ni si era domingo o volvíamos del cole. Sólo sé que corrí por el aire. Y no tuve miedo.

El miedo apareció cuando llegamos a casa, y nos encontramos a mi madre, y a la familia de la puerta de al lado refugiada en nuestro piso, porque un bote de humo había entrado por su ventana (vivíamos en un séptimo) y en su casa no se podía respirar. También tuve miedo cuando oí a los mayores explicar que una pelota de goma le había dado a un vecino en la cara y no sabían si había perdido el ojo. Cuando especulaban, sin tener fuentes fiables, sobre el número de detenidos. Muchos, sin duda; una de las comisarías más importantes de la ciudad estaba tan cerca... Me sentí asustada y triste, porque así estaban los adultos a mi alrededor, pero en el fondo sabía que era valiente, y que aquellos hombres de marrón nunca podrían hacerme daño a mí, porque yo podía correr sobre el viento. Tristemente descubrí años más tarde que ellos también pueden.



*A veces sigo escribiendo aunque no publique... 

dimecres, 31 de desembre del 2014

Si no sabes dónde vas, cualquier camino te llevará

Este fue mi balance de última hora al finalizar 2013: en 8 días, 5 de migraña; 192€ de grúa; abono de metro con 33 viajes perdido; por lo menos 2 kg. de más; ley del aborto; ni un duro en la lotería (para un año que jugaba...)

La verdad es que el inicio de 2014 no fue muy diferente al final de 2013, pero afortunadamente he descubierto el Zoomig, la multa ha sido sólo de 50€, los precios del transporte se congelan (de momento), los kilos... ahí siguen pero cada vez me importan un poco menos, la ley del aborto no ha visto la luz...  la lotería tampoco me ha tocado porque no he jugado a pesar de la insistencia del anuncio lacrimógeno (20 eurazos que me he ahorrado).
 
En 2014  han llegado inquilinos gatunos y perrunos nuevos, trabajo nuevo, nuevo tatuaje, nueva casa, jardín, JARDÍN!!!, árboles en los que volver a reconocer el paso de las estaciones, mil barbacoas, Polonia, Bélgica, teatro, ¿he dicho jardín?, alojamiento gratis en Londres, equivocarme de aeropuerto y no morir de culpabilidad, contártelo y que me felicites, caminar sintiendo cada paso, aunque a veces no vaya en la buena dirección, o no sepa siquiera dónde voy.
 
Lo del jardín ya lo he dicho, ¿no?
 

diumenge, 21 de desembre del 2014

Can you see my shadow among the flowers?



888.246 amapolas de cerámica. 888.246 vidas acabadas antes de tiempo. Hace cien años de aquella guerra. Me pregunto, mientras busco mi sombra sobre las flores de los muertos, cuántos jardines de cerámica habrá en el próximo siglo.